Condicionamiento operante en el entrenamiento canino

operant conditioning

Muchos de los que trabajamos o vivimos con perros, ya sea como entrenadores o como tutores, no solo queremos que enseñarles comandos. Queremos entender cómo aprenden, cómo reaccionan ante diferentes situaciones y cómo poder comunicarnos de forma clara y efectiva con ellos. Como entrenadora canina, siempre he pensado que antes de enseñarle algo a un perro, lo primero es conocer cómo aprende. Entrenar no es magiaes ciencia. Y una parte esencial de esa ciencia es el condicionamiento operante, que es justo lo que explicaremos en este artículo.

Un vistazo rápido al condicionamiento clásico

Antes de meternos de lleno en el condicionamiento operante, vale la pena hablar un momento de Pavlov y el condicionamiento clásico. Este explica comportamientos reflejos, como la salivación. Por ejemplo, después de varios experimentos, Pavlov notó que sus perros empezaban a salivar al escuchar una campana, incluso antes de recibir la comida. Esto significaba que habían aprendido a asociar ese sonido con el alimento. En el condicionamiento clásico no tenemos control sobre la respuesta: es automática. En cambio, en el condicionamiento operante, son las consecuencias las que influyen en que un comportamiento voluntario se repita o no.

¿Qué es el condicionamiento operante?

B.F. Skinner, influenciado por el trabajo de Pavlov, amplió las investigaciones de Watson y describió lo que hoy conocemos como condicionamiento operante. El libro *How Dogs Learn* lo define como parte de la ciencia del comportamiento que estudia la relación funcional entre los eventos del entorno y el comportamiento. Es clave para entender cómo aprendemos todos los organismos (incluyendo los perros). Esta ciencia no sólo describe lo que pasa en una sesión de entrenamiento, sino que nos da herramientas para hacer estas sesiones más efectivas e incluso nos ayuda a predecir cómo va a reaccionar un perro en determinadas situaciones. En pocas palabras: las consecuencias de una conducta determinan la probabilidad de que esa conducta vuelva a ocurrir. 

Los cuatro cuadrantes del condicionamiento operante

Para entenderlo bien, hay que conocer los cuatro cuadrantes: refuerzo positivo, refuerzo negativo, castigo positivo y castigo negativo. Aquí, ‘positivo’ no quiere decir ‘bueno’ y ‘negativo’ no quiere decir ‘malo’. Positivo es añadir algo, negativo es quitar algo. El objetivo es claro: reducir las conductas inapropiadas y aumentar las que sí nos gustan. 

Refuerzo positivo

Es añadir algo agradable para que una conducta se repita. Ejemplo: le dices ‘sit’ a tu perro, se sienta y le das un premio o le dices ‘¡good boy!’. Por eso es que, cuando tu perro te ve con un premio, probablemente se sienta enseguida.

Castigo positivo

Es añadir algo incómodo para reducir una conducta. Ejemplo: si tu perro tira de la correa, aplicas un *pop and release* con el prong collar o una corrección con la correa. El perro asocia el tirar con esa sensación incómoda y tiende a disminuir esta conducta. 

Refuerzo negativo

Es quitar algo incómodo para aumentar una conducta. Ejemplo: aplicas una ligera presión con la correa y, cuando el perro camina junto a ti, liberas la presión. Esa liberación es la recompensa. 

Castigo negativo

Es quitar algo agradable para reducir una conducta. Ejemplo: tu cachorro tiene un hueso y gruñe cuando pasas cerca, entonces le quitas el hueso. Pierde algo que le gusta y, con eso, es menos probable que vuelva a gruñir en esa situación. Cabe aclarar que este es solo un ejemplo y la reacción puede variar según el temperamento y las experiencias previas del perro. 

operant conditioning in dog training

Errores comunes que veo a diario

  1. Corregir al perro sin haberle enseñado antes la conducta. Por ejemplo, no puedo corregir a mi perro por no sentarse al decirle el comando si nunca le he enseñado qué significa “sit”.
  2. Reforzar sin querer conductas que no queremos. Un clásico: el perro ladra a otro y, mientras le decimos “no”, lo acariciamos o le damos palmaditas pensando que es una corrección. Para el perro, ese contacto es atención y, por lo tanto, es un premio. En este ejemplo, sin darnos cuenta, estamos usando el refuerzo positivo para mantener una conducta que no queremos. 
  3. No ser consistentes con las señales, los tiempos y las recompensas o castigos. Por ejemplo, le pedimos al perro que se siente y, unas veces, le damos el premio de inmediato, otras veces esperamos varios segundos y otras no le damos nada aunque lo haya hecho bien. Lo mismo ocurre con los castigos: si corregimos una conducta unas veces sí y otras no, el perro no entiende con claridad qué acción genera la consecuencia. Esta falta de consistencia, tanto en recompensas como en castigos, confunde al perro y retrasa su aprendizaje. 

Caso real: Kira

Kira es una golden retriever de 5 meses que, cuando llegó, dependía por completo del prong collar para responder a comandos básicos. Sin la herramienta, la obediencia se desplomaba. Esto pasaba porque nunca había entendido realmente qué significaban los comandos ni el refuerzo. Es algo común cuando se usan herramientas de corrección antes de construir una base sólida. 

Para ayudarla, trabajamos con un plan que combinaba refuerzo positivo para enseñar y reforzar las conductas, refuerzo negativo y castigo positivo solo cuando hacía falta para marcar límites.

Mini plan de entrenamiento aplicado

Objetivo: que Kira responda de forma consistente a los comandos y se mantenga enfocada con y sin herramientas. 

  1. Asociación positiva (Semanas 1 y 2) 

– Sesiones cortas de 5-10 minutos para ‘sit’, ‘down’ y ‘stay’, con premios y elogios. – Uso de marcador verbal o clicker. 

– Nada de correcciones todavía. 

  1. Distracciones y refuerzo variable (Semanas 3 y 4) 

– Añadir distracciones suaves. 

– Reforzar de forma intermitente. 

– Ligeras correcciones solo si ignora un comando ya aprendido. 

  1. Transición fuera del prong collar (Semanas 5 y 6) 

– Alternar días con y sin prong. 

– Practicar con correa plana. 

  1. Generalización y mantenimiento (Semana 7+) 

– Practicar en lugares nuevos. 

– Trabajar el autocontrol con ‘place’, ‘leave it’, y permanencias. 

– Reforzar calma y corregir solo si hay desobediencia clara. 

Conclusión

El condicionamiento operante es mucho más que teoría. Es una forma de entendernos con nuestros perros de manera justa y efectiva. Cuando sabemos cómo aplicarlo, dejamos de entrenar ‘a ciegas’ y empezamos a trabajar con intención, creando una relación basada en claridad, motivación y límites sanos.

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